Publicado por @croquetadepuchero_riders_black
No sé por dónde empezar. Quizá porque hay verdades que, cuando intentamos nombrarlas, se nos quedan atrapadas en la garganta. Todo el mundo suele decir que sabe mentir, o que no sabe hacerlo. Yo siempre he dicho que no sé mentir. Y, sin embargo, miento. Miento cada vez que alguien me pregunta cómo estoy y respondo que estoy bien. Qué palabra tan pequeña para esconder tantas cosas. Bien. Dos sílabas capaces de cubrir el cansancio, la tristeza, las dudas, todo aquello que no sabemos explicar sin sentir que estamos ocupando demasiado espacio. A veces pienso que decir «estoy bien» no es una mentira para los demás, sino una mentira que nos contamos a nosotros mismos. Porque quizá mentir no siempre sea inventar una verdad, sino aprender a pronunciar una respuesta que nos permita seguir adelante sin tener que detenernos a mirar lo que duele. Y esa es, quizá, la única mentira que realmente sé decir. La que más repito. La que menos sé sentir. Porque puedo decir que estoy bien, puedo sonreír, puedo cambiar de tema, puedo hacer que parezca verdad. Pero hay mentiras que la voz consigue pronunciar y que el corazón jamás aprende a creer.